miércoles, 31 de julio de 2019

“No busqué a mi hija por si me decían que estaba muerta”


Manuela Grande, madre de una de las españolas identificadas en Siria, narra la dura infancia de la joven y su conversión radical de mano de su esposo.
Manuela Grande con su hija Luna Fernández en 2011. En vídeo, Manuela Grande, la madre de la yihadista española le pide que vuelva a casa.
Manuela Grande (Madrid, 1974) se despidió de su hija Luna Fernández en el invierno de 2014. "Se iba, con 25 años [según Fernández fue con dos años más] y dos niños de 6 y 4, a Alejandría [Egipto], convencida por su pareja, un joven marroquí crecido en Ceuta y llamado Mohamed, al que conoció poco antes de cumplir los 18 años, en el centro de acogida de La Ciudad de los Muchachos", cuenta Manuela, desde un rincón de la Comunidad de Madrid en el que ya se había abandonado. Perdió a sus tres hermanas ("demasiado jóvenes") y después, en 2016, a su madre y a quien fuera su pareja durante 28 años: "Me quedé sola en este mundo, mi vida no tenía sentido y prefería no buscar a mi hija por si me decían que estaba muerta". Luna Fernández Grande es una de las tres yihadistas españolas identificadas en Siria.
La vida de Manuela y de Luna ha sido siempre difícil. "Es mi única hija, la tuve con solo 15 años, en 1989, nació en el hospital de La Paz", recuerda. "Me la quitaron los servicios sociales cuando solo tenía cuatro años porque ni yo ni mi madre podíamos hacernos cargo, fueron tiempos difíciles", asegura. El padre biológico no volvió a aparecer en su vida hasta que supo que era abuelo.
Luna creció en centros de acogida de la Comunidad de Madrid. "Nuevo Futuro, La Ciudad de los Muchachos… Me la dejaban los fines de semana, en vacaciones, era una niña normal, con sus amigas, con sus cosas de adolescente [que si me fumo un cigarro, que si me hago un piercing en la nariz…], atea, poco a poco nos convertimos en una especie de hermanas, Juan [su pareja] hizo siempre de padre con ella, tenían buena relación y ella adoraba a mi madre, su abuelita Claudia", relata con dificultad. "He pasado los dos últimos años tomando tres tranxilium [un ansiolítico] diarios, esa ha sido mi última vida y la memoria me falla un poco", se interrumpe. "Aunque me gustaba que Luna me contara todo y que tuviera esa confianza conmigo, yo siempre le decía: ‘Luna, no olvides que yo soy tu madre", continúa. Luna cambió mucho antes de irse "a montar, supuestamente, un negocio de ropa en Alejandría con otro matrimonio amigo".

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